El anticuario
El anticuario Lord Abbott tenía un corazón
sutil, rápido, penetrante como el fuego;
por escaleras mágicas bajó al infierno,
y si el demonio guardaba oro en sus posesiones,
seguro que trajo algo y lo escondió en cuevas,
desconocidas para todos, excepto para mí.
The Wonder of a Kingdome[170]
Lovel siguió casi mecánicamente al mendigo, que abría el camino con paso rápido y firme a través de arbustos y zarzas, evitando el sendero trillado, y parándose de vez en cuando a comprobar si oía ruidos de persecución tras ellos. A veces bajaban al propio lecho del torrente, a veces seguían un estrecho y abrupto sendero que las ovejas (a las que se les permitía vagar por las arboledas, dada la desidiada negligencia con la propiedad generalizada en Escocia) habían trazado al filo mismo de las salientes riberas. Alguna vez Lovel echaba un vistazo al camino que había recorrido el día anterior en compañía de sir Arthur, el anticuario, y las jóvenes señoritas. Descorazonado, avergonzado y absorto por mil inquietudes como estaba, habría dado cualquier cosa por recuperar el sentimiento de inocencia, el único que puede acallar a los demonios.