El anticuario
El anticuario Y ¿tu compadre es ese doctor sucio de hollÃn y con la barba ahumada, que abarrota de oro la redoma y, en un descuido, la cambia por otra llena de mercurio sublimado que, bien calentada, estallará para que todo se transforme en humo?
El alquimista[196]
—¿Cómo está, señorr Oldenbuck? Esperro que su joven caballerro, el capitán MacIntyre, se esté reponiendo. ¡Ah! Es mal asunto que los jóvenes caballerros se dediquen a meterr balas de plomo en el cuerrpo de los otrros.
—Todas las peripecias relacionadas con el plomo son arriesgadas, señor Dousterswivel; pero me alegro de enterarme —contestó el anticuario—, por mi amigo sir Arthur, de que ha emprendido usted un negocio mejor, y se ha convertido en descubridor de oro.
—Ah, señorr Oldenbuck, mi generroso y honorrable mecenas no deberrÃa haberr dicho ni una palabrra sobrre ese asuntillo; porrque, aunque tengo confianza, porr supuesto, en la prrudencia y la discrreción del señorr Oldenbuck, y en la grran amistad que prrofeso a sirr Arthurr, aun asÃ, ¡cielos!, es un secrreto onerroso.
—Más oneroso que los metales que obtendremos mediante él, me temo —respondió Oldbuck.
