El anticuario
El anticuario —Irré mañana a la junta de magistrrados —dijo el adepto—; caerrá todo el peso de la ley sobrre esa gente.
Y mientras iba murmurando palabras de venganza contra el causante de sus males, salió tambaleándose de las ruinas, apoyado en Ringan y su hijo, cuya ayuda era imprescindible para su debilidad.
Cuando hubieron salido del priorato, y llegado al prado en el que se halla, Dousterswivel pudo observar las antorchas que tanta alarma le habÃan causado saliendo en procesión irregular de las ruinas, y contempló su resplandor, como los fuegos fatuos, a la orilla del lago. Tras avanzar por el camino con movimientos irregulares y oscilantes, las luces finalmente se desvanecieron.
—En tales ocasiones, siempre apagamos las antorchas en el pozo de la Santa Cruz —dijo el granjero a su invitado. Y, efectivamente, no percibÃa ningún otro signo visible de la procesión, aunque su oÃdo podÃa apreciar el eco distante y decreciente de los cascos de los caballos allà donde se dirigÃa el cortejo fúnebre.