El anticuario
El anticuario —Nunca creerÃa eso —respondió Ringan—; Edie siempre ha sido conocido, tanto por mà como por mi padre antes de mÃ, por ser leal y de confianza; y, además, está durmiendo en nuestro granero, y lleva allà desde las diez. Asà que, le hicieran lo que le hicieran, y le hicieran algo o no, estoy seguro de que Edie es inocente.
—Maestrre grranjerro Ringan Aikwood, no sé a qué llama usted inocente, perro, diga usted lo que diga sobrre la lealtad y confianza, yo le asegurro que esta noche me ha robado cincuenta librras su leal amigo Edie Ochiltree; y que no está en su grranerro como yo no estoy, ni estarré, en el reino de los cielos.
—Bien, señor, si viene usted conmigo, ya que la comitiva fúnebre se ha dispersado, le haremos una cama en el pabellón, y veremos si Edie está en el granero. HabÃa dos sujetos de mirada extraña en la iglesia cuando nosotros vinimos con el cadáver, eso es seguro; y el sacerdote, que no quiere que los herejes presencien nuestras ceremonias religiosas, envió a dos muñidores a caballo para que los buscaran; asà que tendremos noticias de ellos.
Y, dicho esto, la amable aparición, con ayuda del personaje mudo, que era su hijo, se deshizo de la capa, y ambos se dispusieron a escoltar a Dousterswivel al lugar donde encontrarÃa el descanso que tanto necesitaba.