El anticuario
El anticuario Era una deliciosa tarde de verano y, el mundo, es decir, ese pequeño cÃrculo, pues para el individuo que lo recorre no es más que eso, se extendÃa ante Edie Ochiltree, quien debÃa elegir dónde pasar la noche. Atrás quedaban los parajes más inhóspitos de Glenallan y ahora tenÃa a su disposición tantas opciones de refugio que se mostró selecto, incluso puntilloso, en su elección. La taberna de Ailie Sim quedaba de camino, más o menos a una milla, pero seguramente se encontrarÃa con un grupito de jovenzuelos, pues era sábado por la noche; además era el tipo de bar en el que se debe conversar. Le vinieron a la imaginación otros gudemen y gudewives, que es como en Escocia llaman a los granjeros y a sus mujeres respectivamente. Pero uno estaba sordo y no podÃa oÃrle; otro estaba desdentado y no podÃa hacerse entender; un tercero tenÃa muy mal carácter; y el cuarto tenÃa un perro rabioso. Seguro que en Monkbarns o en Knockwinnock le dispensarÃan un recibimiento favorable y hospitalario, pero estaban demasiado lejos para llegar a buena hora esa misma noche.