El anticuario
El anticuario —Mi señor —respondió el anticuario—, necesariamente guardo el mayor de los respetos por el señor conde y su familia, la cual es una de las más antiguas de Escocia, descendiente de Aymer de Geraldin, representante del Parlamento de Perth durante el reinado de Alejandro II, y de quien, según la tradición nacional no tan divulgada pero plausible al fin y al cabo, se dice que proviene del virrey de Clochnaben. A pesar de mi veneración por su antigua ascendencia, admito que, si brindo mi asistencia y mis limitadas capacidades al señor conde, se debe sobre todo a mi más sincera compasión por su dolor y a mi repugnancia por los engaños de los que ha sido vÃctima. Pero, mi señor, el desayuno está, por lo que veo, preparado. PermÃtame mostrarle el camino a través de los intrincados corredores de mi cÅ“nobitium, que es más bien una combinación de células extrañamente dispuestas y apiladas que una casa propiamente dicha. Espero que introduzca algunas correcciones a su frugal dieta de ayer.
Pero esto no formaba parte del plan de lord Glenallan. Después de saludar a los comensales con la educada seriedad y melancolÃa que acompañaban a sus maneras, su criado le sirvió una rebanada de pan tostado y un vaso de agua. Mientras se servÃa un desayuno bastante más sustancioso al soldado y al anticuario, se pudo oÃr un ruido de ruedas.