El anticuario
El anticuario Al capitán MacIntyre le brillaron los ojos y fue profuso en agradecimientos, mientras Oldbuck, por su parte, sujetando al conde por la manga, trató de interceptar un obsequio que no presagiaba nada bueno para su granero y pajar.
—Mi señor, mi señor, muchÃsimas gracias, de verdad, pero Hector es una persona pedestre y nunca monta a caballo en la batalla; además es un soldado escocés y su uniforme no es el indicado para las caballerÃas. Los antepasados de Even Macpherson jamás montaron a caballo, aunque él tuvo la insolencia de decir que iban en coche, y eso, mi señor, es lo que ronda a Hector por la cabeza; es el vehÃculo y no el ejercicio ecuestre lo que él envidia…
sunt quos curriculo pulverem Olympicum
collegisse juvat.[256]
»Está loco por un carruaje, pero no tiene ni el dinero ni la habilidad para conducirlo; y le aseguro, señor conde, que la posesión de tales cuadrúpedos le causarÃa mayores rasguños que cualquiera de sus duelos, ya sean con enemigos humanos o con mi amigo el fócido.
—Usted es quien tiene la última palabra, señor Oldbuck —dijo el conde educadamente—, pero confÃo en que no me impedirá gratificar a mi joven amigo brindándole este regalo que de seguro le complacerÃa.