El anticuario
El anticuario —En tal caso, guárdese el cuaderno y la pluma, pues no soltaré ninguna palabra mientras tenga material de escritura en sus manos; para gente ignorante como yo, esos instrumentos son aterradores. El agente de la sala de al lado escribirá lo que haga falta para colgar a un hombre antes de saber siquiera qué es lo que ha dicho.
Monkbarns, cumpliendo los deseos del anciano, guardó su cuaderno de notas.
A continuación, Edie relató con gran franqueza la parte de la historia que ya conocen nuestros lectores, informando al anticuario de la escena que habÃa presenciado entre Dousterswivel y su patrón en las ruinas de Saint Ruth, y confesando sin tapujos que no pudo dejar pasar la oportunidad de convencer al alemán para que visitase la tumba de Misticot con el propósito de vengarse, o al menos mofarse, de su desfachatez. No le costó mucho convencer a Steenie, un joven muchacho atrevido e imprudente, para que participase también en la jugarreta, pero la broma se les fue inadvertidamente de las manos. En cuanto a la libreta, explicó que se hicieron con ella de forma involuntaria y que él mismo mostró su sorpresa y malestar en cuanto se percató de lo sucedido; de hecho, hizo público ante todos los habitantes de la cabaña su intención de devolverla al dÃa siguiente, y si no pudo hacerlo fue debido al inoportuno desenlace.