El anticuario
El anticuario —Pero, señor Oldbuck, si es una cuestión que atañe al Estado, se me deberÃa consultar a mÃ, que soy quien ocupa el puesto de magistrado y quien carga con todo el trabajo de peso, y hasta que…
—¡Chis, chis! —dijo el anticuario, guiñándole el ojo y llevándose el Ãndice a la boca—. Usted tendrá todas las atribuciones y se ocupará de todas las gestiones en cuanto el asunto haya madurado. Pero se trata de un viejo obstinado, y no permitirá que dos personas a la vez se inmiscuyan en el misterio, y ni siquiera me ha terminado de contar a mà todos los entresijos de la trama de Dousterswivel.
—En fin… que habremos de aplicar a este tipo la ley de extranjeros[271], imagino.
—A decir verdad, deseo que asà se haga.
—No me diga más —manifestó el magistrado—: asà se hará. Será deportado como tanquam suspect, creo que esa frase es suya, ¿verdad, Monkbarns?[272]
—Es un clásico, magistrado; cada dÃa me sorprende.