El anticuario
El anticuario —Está bien, está bien —dijo Oldbuck—; me alegro de que tengas la gentileza de avergonzarte de ella; de igual modo que detesto toda la estirpe de Nemrod, deseo que ésta tenga un justo competidor. Nunca seas el primero en abrir fuego en una broma, sobrino. Y, a propósito de fócidos, magistrado, ¿sabrÃa decirnos a cuánto se cotiza la piel de foca en estos momentos?
—Al alza —respondió el magistrado—, su valor está por las nubes, la caza de estos animales ha sido poco afortunada últimamente.
—Tenemos un testigo que puede dar fe de ello —dijo el anticuario en tono sarcástico, encantado con el juego que este incidente le habÃa brindado para provocar al joven deportista—. Una cosa más, Hector,
y cuelga de tus hombros cobardes una piel de foca.[270]
»¡Eh, muchacho! No te lo tomes a mal. En fin, debo irme a atender unos asuntos, magistrado, solo querÃa decirle una cosa: Ochiltree debe quedar en libertad bajo fianza, una fianza moderada, ya me entiende.
—¿Ha pensado bien lo que me está pidiendo? —preguntó el magistrado—. Se le acusa de asalto y robo.
—¡Chis! No diga ni una palabra de eso —dijo el anticuario—. Ya le di una pista antes; le facilitaré todos los detalles más adelante. Se lo prometo, hay un secreto.