El anticuario
El anticuario —De acuerdo, señor Oldbuck, es un placer para todos en Fairport servirle a usted; y además, sé que es un hombre prudente, y que además le producirÃa el mismo disgusto perder cuarenta merks que cuatrocientos. Acepto, pues, su fianza, meo periculo[273], ¿qué me dice de esta frase? La tomé de un erudito abogado. «Respondo de ello, señorÃa —decÃa el abogado—, meo periculo».
—Y yo responderé de Edie Ochiltree, meo periculo, de idéntica forma —respondió Oldbuck—. En cuanto su agente redacte la fianza, procederé a su firma.
Una vez cumplimentados todos los trámites, el anticuario comunicó a Edie la buena nueva de que habÃa sido puesto en libertad una vez más, y le dio indicaciones para que se dirigiese a la casa Monkbarns, a la que su sobrino y él regresaron también tras haber ultimado los detalles de su buena hazaña.