El anticuario
El anticuario Lleno de sesudos adagios y de modernas citas.
Como gustéis[274]
—Por el amor de Dios, Hector —dijo el anticuario a la mañana siguiente después del desayuno—, no nos desquicies más y deja ya de dar golpecitos con ese arcabuz.
—De acuerdo, señor, siento mucho molestarle —respondió el sobrino aún con el arma de caza entre las manos—, pero se trata de una escopeta magnÃfica, una Joe Manton ni más ni menos, me salió por cuarenta guineas.
—Un tonto y su dinero no están juntos mucho tiempo, sobrino. Hay una Joe Miller[275] para tu Joe Manton —respondió el anticuario—. Me alegro de que tengas tantas guineas que despilfarrar.
—Cada cual tiene sus obsesiones, tÃo: a usted le pierden los libros.
—Asà es, Hector —dijo el tÃo—, y si mi colección fuese tuya, ya estarÃa en manos del armero, del vendedor de caballos o del criador de perros. Coemptos undique nobiles libros… mutare loricis Iberis.[276]