El anticuario
El anticuario En este estado, cada vez que alguien trataba de poner los pies de sir Arthur en la tierra de los mortales, sus respuestas seguían la línea de la antigua Pistola:
¡Joroba con el mundo y los viles mundanos!
Hablo de África y de las doradas alegrías.[286]
El lector podrá hacerse una idea del asombro de la señorita Wardour cuando, en vez de emprender una investigación en torno a Lovel —tal y como habría esperado a tenor de la extensa conversación de su padre con el señor Oldbuck la mañana del fatídico día en que el tesoro fue descubierto—, las palabras de sir Arthur revelaban una imaginación avivada por la esperanza de poseer toda suerte de riquezas. El asombro de la señorita Wardour se convirtió en desasosiego cuando mandó llamar a Dousterswivel, el cual se encerró con él, fue consolado por el percance sufrido, se llevó su parte y vio retribuidas sus pérdidas. Todas las sospechas que ella había albergado sobre este hombre se vieron reforzadas al observar el empeño de éste en animar los gloriosos sueños de su padre, asegurándose él mismo —con pretextos de diferente índole— la mayor tajada posible de la riqueza que de modo tan extraño había ido a parar a manos de sir Arthur.