El anticuario
El anticuario —Oh, señor Oldbuck —dijo sir Arthur—, seguro que sabe quién es, su nombre aparece frecuentemente en los periódicos, un joven oficial muy distinguido. Pero me congratula decir que el señor MacIntyre no debe abandonar Monkbarns para verlo, puesto que mi hijo menciona en su carta que el mayor va a venir a Knockwinnock y huelga decir que serÃa un honor para mà poder presentarle al joven caballero, a menos que ya se conozcan, claro.
—No, no personalmente —respondió Hector—, pero he tenido ocasión de oÃr muchas cosas de él, y tenemos varios amigos en común, su hijo, por ejemplo. De todas formas, tengo que ir a Edimburgo, me parece que mi tÃo se está empezando a cansar de mà y temo que…
—Y ¿no será que tú te estás empezando a cansar de tu tÃo? —interrumpió Oldbuck—. Me temo que ya no hay nada que hacer, pero olvidas que el festivo 12 de agosto se acerca y tienes una cita con uno de los guardabosques de lord Glenallan, Dios sabe dónde, para dar caza a pacÃficas criaturas con plumas.
—Cierto, cierto, tÃo, lo habÃa olvidado —dijo el volátil Hector—, es que antes ha dicho usted algo que me ha dejado aturdido.