El anticuario
El anticuario —Hasta hace poco le habrÃa llamado Lovel, pero ahora resulta ser el mayor Neville.
—¿A quien mi hermano crió como su hijo natural, a quien designó como heredero? ¡Santo Cielo, el hijo de mi amada Eveline!
—¡Espere, señor, espere! —dijo Oldbuck—. No debe precipitarse en sacar conclusiones, ¿cuáles son las probabilidades?
—¿Probabilidades? Ninguna. Lo que hay es certeza, certeza absoluta. El agente que le mencioné me explicó en una carta toda la historia. La recibà ayer mismo. Hágale venir, por amor el de Dios, para que los ojos de su padre puedan bendecirle antes de que se marche.
—De acuerdo, pero por el bien de él y de usted mismo, concédale unos minutos para que se prepare.
Y, con la determinación de seguir investigando antes de ceder sus convicciones a una historia tan extraordinaria, buscó al mayor Neville, a quien halló dedicado a las gestiones necesarias para retirar las fuerzas que habÃa congregado.
—Le ruego, mayor Neville, que deje un segundo sus quehaceres en manos del capitán Wardour y de Hector, con quien, espero, se haya reconciliado totalmente —Neville se echó a reÃr y le estrechó la mano a Hector—, y me conceda unos minutos de su atención.