El anticuario
El anticuario —Querido padre, usted supera tanto en virtudes al pobre señor Oldbuck que es normal que él se enfade un poco; pero sé que tiene mucho respeto por usted y por su conversación; nada le producirÃa más dolor que perder las atenciones que se prestan mutuamente.
—Cierto, cierto, Isabella, y es que hay que tener en cuenta su origen: algo de la barbarie alemana sigue fluyendo en su sangre, algo del espÃritu liberal que se opone a las clases y a los privilegios. Habrás observado que nunca me aventaja en una disputa a no ser que se aproveche de una especie de conocimiento abogadil de fechas, nombres y hechos nimios, con una cansina y frÃvola exactitud mental que debe por completo a sus maquinales antepasados.
—Debe considerarlo conveniente en sus investigaciones históricas, ¿no cree?