El anticuario
El anticuario —Conduce a un modo de discutir incivil y categórico. Y nada parece menos razonable que oÃrle criticar incluso la excepcional traducción de Bellenden de Hector Boece[62], un infolio en escritura gótica que tengo el privilegio de poseer, basándose en la autoridad de un pedazo de pergamino viejo que salvó de su bien merecido destino de servir para cortar patrones de sastre. Por no hablar de esa exactitud y esa minuciosidad tan mercantil cada vez que acomete cualquier empresa; resulta tan impropio de un terrateniente, cuya familia se remonta dos o tres generaciones. Me pregunto si habrá en Fairport algún empleado de banco que sume y cuente mejor que Monkbarns.
—¿Aceptará su invitación?
—Pues sÃ, claro; no tenemos otro compromiso a la vista, creo. ¿Quién será el joven del que habla? Casi nunca hace nuevas amistades y, que yo sepa, no tiene más familiares.
—Probablemente sea algún familiar de su cuñado, el capitán MacIntyre.
—Probablemente. SÃ, aceptaremos; los MacIntyre son una familia muy antigua de las Tierras Altas. Puedes contestar a su carta afirmativamente, Isabella; yo no tengo ganas de escribir ni el «Estimado señor».
Habiendo zanjado este importante asunto, la señorita Wardour escribió: