El Monasterio

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Esto satisfacía por completo los deseos de Elspeth; y aunque Alicia no había mostrado mucho afán por recibir los auxilios espirituales, ella confió a Martín el encargo Je ir hasta el monasterio con toda la celeridad de que era capaz Shagram y suplicar a uno de los religiosos que fuera a administrar los últimos consuelos de la religión a la viuda de Gualterio Avenel.

Cuando el sacristán hizo saber al reverendo abad que la viuda de Avenel, en peligro de muerte, deseaba que le enviaran un confesor a la torre de Glendearg, donde se había refugiado, el fraile pareció reflexionar un instante, y repuso:

—No hemos olvidado a Gualterio Avenel. Era un bravo y valiente caballero, que fue despojado de sus bienes y asesinado por los ingleses. ¿No podría su viuda venir aquí a buscar los auxilios de la religión? La distancia es muy grande y el camino penoso.

—Lady Avenel se encuentra enferma, reverendo padre —contestó el sacristán—, y no puede soportar la fatiga del viaje.

—Bien, bien; uno de nuestros hermanos irá a verla. ¿Gualterio Avenel le ha dejado muchos bienes?

—Muy poco, reverendo padre, casi nada. Lady Avenel vive, desde la muerte de su esposo, en Glendearg, en casa de una pobre viuda llamada Elspeth de Glendinning, que caritativamente le ha dado asilo.


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