El Monasterio
El Monasterio El abad Bonifacio estaba sentado en un gran sillón, cuyo respaldo, esculpido de un modo extraño, terminaba en una mitra, y a su izquierda, sobre una mesita de roble, estaban los restos de un capón asado, que Su IlustrÃsima acababa de engullir rociándolo con excelente vino de Burdeos. TenÃa los ojos fijos en la lumbre, ya comparando lo que habÃa sido con lo que era entonces, ya queriendo descubrir torres y campanarios en las ascuas candentes que acababa de atizar.