El Monasterio
El Monasterio —¡Entonces ha pretendido engañarnos con un cuento! —exclamó el superior enrojeciendo de cólera—. Esto no puede quedar asÃ; no será a nosotros a quienes el padre Felipe engañará de ese modo. ¿Qué quiere? ¡Hacer pasar sus propias flaquezas por obras de Satanás! Que comparezca mañana esa muchacha ante nosotros. ¡Examinaremos y castigaremos!
—Vuestra reverencia me perdone; pero obrar asà serÃa poco prudente. En el estado en que se encuentran las cosas, los herejes acogen todos los rumores que pueden servir para ridiculizar a nuestro clero. Para remediar el mal es necesario estrechar los lazos de la disciplina y evitar el escándalo, no dando ocasión a que la maledicencia se cebe en nosotros. Si mis conjeturas tuviesen fundamento, la misma hija del molinero tendrÃa interés en callar; y no os serÃa fácil imponer silencio a su padre y al sacristán. Si el padre Felipe pone nuevamente en ridÃculo a su Orden, debe ser severamente castigado, pero en secreto; porque, como dicen las Decretales: los crÃmenes no deben divulgarse más que cuando son castigados; pero los hechos escandalosos deben siempre ocultarse.