El Monasterio
El Monasterio —SÃ, padre; la ha confesado, como vuestra reverencia dice; pero temo que haya gato encerrado. ¡Si hubierais visto qué grave y severo estaba el padre Felipe cuando salió del aposento de la enferma! Y después, como se llevó un libro que…, —y se interrumpió como si le costara trabajo continuar.
—Y después, ¿qué?… señora Elspeth; tenéis el deber de no ocultarnos nada.
—¡Ay! ¡Dios me libre de ocultar nada a vuestra reverencia! Pero no quisiera perjudicar en vuestra opinión a esa pobre señora: es una excelente mujer; hace mucho tiempo que vive en esta torre y siempre nos ha edificado con su conducta. Ella misma os dirá seguramente…
—Decidme vos todo lo que sabéis, pues ese es vuestro deber.
Pues bien, el libro que el padre Felipe se llevó ayer, nos ha sido devuelto esta mañana de un modo muy extraño.
—¡Devuelto! ¿Qué queréis decir?
—Quiero decir que el libro ha sido traÃdo a Glendearg, sin que sepamos cómo ni por quién. El caso es el siguiente. El viejo MartÃn, un servidor de lady Avenel, conducÃa a pastar las vacas, pues debo deciros que ahora tenemos, gracias a Dios y al santo monasterio, tres vacas lecheras muy buenas…