El Monasterio
El Monasterio —Si no sufres el castigo de los sectarios obstinados —dijo luego contemplando los despojos mortales de Alicia—, si no tienes otras culpas que expiar que las que dependen de la fragilidad humana más que de una culpable perversidad, no temas permanecer mucho en el purgatorio. Ayunos, penitencias, maceraciones, hasta que mi cuerpo se asemeje a tu cadáver, todo lo haré en sufragio de tu alma. La Santa Iglesia, el monasterio, nuestra divina patrona, abogarán por quien poseyó tantas virtudes… Dejadme, señora Elspeth, aquÃ, junto a su lecho, que voy a cumplir los piadosos deberes que reclama esta dolorosa circunstancia.
Elspeth obedeció, y el fraile, al quedarse solo, empezó a salmodiar con fervor las oraciones de ritual en sufragio del alma de la difunta. Al cabo de una hora reuniose con el ama de la casa, a quien encontró anegada en llanto.