El Monasterio
El Monasterio El molinero se disponía a partir en aquel momento en dirección a su casa, después de prometer que enviaría con un criado un hermoso salmón. Elspeth, viendo su casa invadida por tantos huéspedes, estaba arrepentida de la invitación que había hecho a Mysie, y buscaba un medio decoroso de hacerla montar a la grupa del caballo de su padre, sin perjuicio de aplazar para mejor ocasión sus proyectos matrimoniales; pero este acto de generosidad inesperada por parte de Hob Miller desvaneció el pensamiento de desembarazarse de la hija, de modo que el molinero tomó solo el camino de su casa. Este proceder tuvo en seguida su recompensa.
Mysie vivía demasiado cerca de la abadía para ser novicia en el noble arte culinario. La excelente muchacha, que se había hecho un tocado más sencillo, y lucía sus brazos, blancos como la nieve, desnudos hasta los codos, ayudó a la dueña de la casa en todos los trabajos, revelando un talento sin igual y una incansable habilidad, distinguiéndose principalmente en la preparación de los hojaldres, de las jaleas y de otras muchas golosinas en las que ni Elspeth ni su cocinera Tibb habrían podido pensar siquiera.