El Monasterio
El Monasterio —Y podrÃa acarrearnos funestas consecuencias. En estos tiempos, se confiscan, se venden y se compran las propiedades de la Iglesia cual si fueran las de un barón secular. ¿A cuántas cosas nos expondrÃamos, si pudieran probamos que habÃamos dado asilo a un culpable de rebeldÃa contra la llamada reina de Inglaterra? Pronto aparecerán una multitud de parásitos escoceses solicitando concesiones de nuestras tierras, y un ejército inglés asolándolas. Antes, los naturales de Escocia eran verdaderos escoceses; unidos, firmes, amantes de su patria, y olvidando toda otra consideración cuando la frontera estaba amenazada: ahora son… son… unos, franceses, y otros, ingleses, que consideran su paÃs como campo abierto a los extranjeros para resolver sus querellas.
—Desgraciadamente, es una gran verdad; vivimos en tiempos muy difÃciles. Nuestros senderos son escurridizos y peligrosos.
—Por lo mismo debemos ser cautos. Por ejemplo, no debemos recibir a este hombre en el monasterio de Santa MarÃa.
—Pero ¿qué haremos? No olvidéis que sufre por la causa de la Iglesia Católica; que su pariente el conde de Northumberland ha sido siempre nuestro amigo, y que sus posesiones están tan próximas a las nuestras, que puede perjudicarnos si nuestra conducta no le agrada.