El Monasterio
El Monasterio —Padre mÃo, es bastante difÃcil conciliar vuestra promesa con la conducta ordinaria de Julián Avenel; pero, como me importa muy poco la seguridad de un miserable como yo, perdido y sin recursos y, a la vez, veo en vuestras palabras reflejarse la sinceridad, me creo en la obligación de corresponder a la confianza que os inspiro. Por lo tanto, os acompañaré al castillo de dicho barón, guiándoos por un camino bastante corto, que jamás hubieseis encontrado sin mi concurso.
Dicho esto, Alberto abrió la marcha seguido del extranjero, que caminaba en silencio.