El Monasterio
El Monasterio —¿No conocéis la costumbre? —preguntó Avenel, burlándose—. Voy a explicárosla. Los habitantes de las fronteras somos más prudentes que vuestros campesinos de los condados de Fife y de Lothian, pues no saltamos la zanja a ojos cerrados. Antes de amarramos con la cadena, queremos convencemos de que no nos ha de pesar demasiado y tomamos las mujeres y los caballos a prueba. Al unirse nuestras manos nos convertimos en marido y mujer por un año y un dÃa, y al cabo de este tiempo podemos hacer otra unión o llamar a un sacerdote para consumar definitivamente el matrimonio. A esto se llama unir las manos.