El Monasterio
El Monasterio Alberto era un nadador tan intrépido como adiestrado, y pudo atravesar fácilmente el lago dirigiéndose hacia el Norte. Llegó a tierra; echó una mirada al castillo, y comprendió que se había dado la señal de alarma, pues veíanse brillar las antorchas en todas las ventanas, y un momento después oyó que bajaban el puente levadizo y que algunos jinetes lo franqueaban.
Sin embargo, poco alarmado de esta persecución en la obscuridad, sacudió el agua que empapaba su ropa, se internó en los pantanos y dirigiose apresuradamente al Noroeste, guiado por la estrella polar.