El Monasterio
El Monasterio Pero, antes de referir la historia de mi manuscrito, debo referiros la mía. No ocupará tres volúmenes; y, como acostumbráis cada capítulo de vuestros libros en prosa con algunos versos de otros autores, seguiré vuestro ejemplo citando una estrofa que se me puede aplicar, y que copio de un ejemplar que de la obra de Burns posee nuestro maestro de escuela. El poeta la compuso para el capitán Grose, sabio anticuario, que se os pareciera en la ligereza con que hablaba de sus investigaciones.
Dice así:
«Fue un valiente militar,
según la vulgar creencia,
que combatió, a la vanguardia
del ejército, en la guerra;
de pronto envainó la espada,
cansado ya de pendencias,
y se ha metido a anticuario,
en cuyo oficio progresa».
Nunca he sabido por qué escogí una profesión ni lo que me impulsó a ingresar en el cuerpo de tiradores escoceses, cuando mis tutores y administradores deseaban que fuera aprendiz en el despacho de David Stiles, procurador de Edimburgo.
