El Monasterio
El Monasterio Pero Mysie no lo oyó porque ya habÃa desaparecido.
—¡Criatura extraña! —exclamó el caballero al verse solo—. ¡Criatura extraordinaria y tan discreta como bella! Es cierto que serÃa una vergüenza inferir una ofensa a su honor. ¡También se permite hacer comparaciones! Si hubiera leÃdo el Euphues[24] y le fuera posible olvidar el maldito molino y cuando con él se relaciona, su conversación serÃa tan amena como la de una dama de la corte de Inglaterra. Espero que vendrá pronto a hacerme compañÃa.
Pero sir Piercie se engañó, pues no volvió a verla hasta el dÃa siguiente, en el momento de reanudar la marcha con dirección a Edimburgo.