El Monasterio
El Monasterio —¡Alto! —gritó Cristián—. ¿Perseguir a vuestro huésped, amigo de mi señor y mÃo? ¿Por qué diablo queréis perseguirle?
—Dejadme pasar, nadie podrá detenerme. ¡El maldito ha dado muerte a mi hermano!
—¿Qué dice?… —preguntó Cristián a los otros—. No comprendo…
—El inglés Piercie Shafton —contestó Dan de Howlet-hirst— mató ayer mañana a Alberto Glendinning, y hemos empuñado las armas para vengarle.
—Es preciso que os envÃen a todos a un manicomio. Han hecho bien en encerraros en esta torre, para impedir que vengarais un crimen que no se ha cometido.
—Os repito —insistió Eduardo— que mi hermano ha sido asesinado y enterrado ayer mañana por ese maldito inglés.
—Pues yo os digo que anoche he visto vivo y sano a vuestro hermano, quien quisiera que me enseñara a salir de debajo de tres pies de tierra, cosa más difÃcil que escaparse del calabozo mejor cerrado.
Los vengadores de Alberto se detuvieron y agruparon alrededor de Cristián, a quien miraban en silencio, cuando el subprior, acercándose a él, le preguntó si era cierto que habÃa visto a Alberto Glendinning la noche anterior.