El Monasterio
El Monasterio Citando un ejemplo más moderno y de mucha menos importancia, puedo deciros que mi antiguo conocido Jedediah Cleishbotham ha descuidado el cumplimiento de su deber hasta el extremo de abandonar a su antiguo amo, y pretender volar con alas propias, y temo que el pobre maestro de escuela de Gandercleugh no gane con sus nuevos aliados otra cosa que el placer de divertir al público con las querellas respecto a su identidad[3].
La experiencia adquirida con estos grandes ejemplos no me permite, capitán, aceptaros más que como socio en comandita; pero os concedo el derecho a llevar la firma de la sociedad que vamos a formar, y estampillaré todos mis efectos, para que sea imposible falsificarlos, como se imita el sello de cualquier charlatán. Os prevengo, pues, querido amigo, que si algún dÃa aparece vuestro nombre en cualquiera obra sin la sanción del mÃo, seréis juzgado severamente por el público. No es mi intención amenazaros; pero, debiéndome vuestra existencia literaria, estáis por completo a mi disposición. Puedo privaros de la herencia de vuestra tÃa, suprimir la media paga, y hasta mataros, sin la menor responsabilidad. Este lenguaje es muy expresivo, pero dudo que quien, como vos, ha estado en la guerra, lo tome a mal.
Acaso el lector se impacienta porque lo tenemos demasiado tiempo a la puerta sin franquearle la entrada; pero en seguida vamos a darle satisfacción.