El Monasterio
El Monasterio —Aquà estoy, venerable abad, y si me lo permitÃs, voy a reunir cuantos soldados encuentre y os defenderemos hasta morir. Todos os dirán que he cumplido mi deber, y si Julián Avenel hubiera seguido mis consejos y modificado su plan de batalla, las cosas habrÃan tomado otro sesgo muy diferente, y la batalla no hubiera sido tan desastrosa para nosotros. No es que pretenda deshonrar con el impuro soplo de mis labios a una de las glorias más puras de la caballerÃa, pues le he visto caer combatiendo, sin volver la cara al enemigo, lo que me ha hecho olvidar los epÃtetos algo libres que se permitÃa dirigirme cuando le daba consejos. ¡Ah! Sin esa muerte gloriosa, hubiera tenido que ventilar conmigo ese asunto.
—Sir Piercie, el tiempo es precioso y no podemos examinar ahora lo que hubiera podido ocurrir. Ocupémonos…
—Tenéis razón, venerable padre —continuó diciendo el incorregible charlatán—; lo pasado interesa menos a la humanidad que lo futuro, y como vuestra reverencia iba a decir, debemos ante todo preocupamos de lo presente. Estoy dispuesto a marchar a la cabeza de cuantos quieran seguirme, y a probar, luchando contra los ingleses, el corte de mi espada, aunque sean mis compatriotas.