Ivanhoe
Ivanhoe —Ya puedes figurártelo, pero quiero que sepas que mientras atravesaba la sala anoche, el templario iba hablando a sus esclavos musulmanes utilizando el lenguaje sarraceno, el cual conozco bien, y les encargaba que esta madrugada vigilaran tus pasos y cayeran sobre ti cuando te hubieras alejado de la casa y te condujeran de inmediato al castillo de Philip de Malvoisin y, en su defecto, al de Reginald Front-de-Boeuf.
Es imposible describir a qué extremo llegó el terror del judÃo al oÃr esta información; parecÃa superior a lo que sus fuerzas podÃan so portar. Los brazos le colgaban a lo largo del cuerpo, la cabeza se le inclinó sobre el pecho, las rodillas cedieron y cada nervio y músculo pareció quedar enervado y perder toda su energÃa. Se derrumbó a los pies del peregrino, no al modo del que se inclina y arrodilla para implorar o producir compasión, sino como un hombre acosado por todas partes por una fuerza invisible que lo aplasta anulando su capacidad de resistencia.