Ivanhoe
Ivanhoe Sus dudas eran explicables si tenemos en cuenta que, salvo la excepción de los peces voladores, no habÃa en aquella época raza habitante de la tierra, el aire o las aguas que fuera objeto de tan obstinada, general e incansable persecución como la judÃa. Basándose en las más lógicas pretensiones o en las acusaciones más ligeras, absurdas y sin fundamento, sus personas y propiedades estaban expuestas a cualquier explosión de furia popular. Porque tanto los normandos como los sajones, daneses y británicos, aunque enemigos entre sÃ, competÃan para demostrar cuál de ellos detestaba más profundamente a la raza judÃa. Ésta, sin duda por su pundonor religioso, era acreedora del odio, el desprecio, el envilecimiento y tan sólo merecÃa la persecución y el ser despreciada. Los reyes de sangre normanda y los nobles independientes que les imitaban en los actos tiránicos, sostenÃan contra esta sufrida raza una sistemática, metódica e interesada persecución. Es bien conocida una anécdota referida al rey Juan. Se cuenta que una vez encerró a un rico judÃo en uno de sus castillos y que le hizo arrancar un diente cada dÃa, hasta que el infeliz israelita, cuya mandÃbula estaba ya medio desguarnecida, se avino a pagar una importante suma, único objetivo que perseguÃa el tirano. El poco dinero que corrÃa por el paÃs estaba en manos de este pueblo perseguido, y los nobles, tomando ejemplo de sus soberanos, no dudaban en utilizar cualquier medio para conseguirlo, llegando incluso a la tortura. A pesar de todo, el amor a la fácil ganancia inculcaba a los judÃos un comportamiento pasivo que les inducÃa a soportar los males y persecuciones de que eran objeto; tan sólo tenÃan en cuenta el gran provecho que podÃan sacar de un paÃs con tantas riquezas naturales como Inglaterra. A pesar de las continuas vejaciones, aumentadas por el decreto de impuestos especiales para los judÃos, creado con el único y deliberado propósito de despojarles y exprimirles al máximo, éstos incrementaban, multiplicaban y acumulaban grandes sumas que pasaban de mano en mano por medio de letras de cambio…, invención por la que se dice que el comercio está en deuda con ellos, y que les permitÃa transmitir las riquezas de un paÃs a otro cuando la persecución se acentuaba.