Ivanhoe
Ivanhoe —¿Sabes, amigo Gurth —dijo el bufón—, que te muestras más cortés y piadoso en esta mañana de verano que en otras ocasiones? En estos momentos quisiera ser un reverendo prior o un peregrino descalzo para participar también de tu celo y urbanidad… Por cierto, yo exigirÃa de ti algo más que un beso en la mano.
—Tu locura no llegarÃa a tanto, Wamba —contestó Gurth—. Comprendo que tú juzgas las cosas según las apariencias, al igual que lo hace el más sabio entre los nuestros… Bueno, ya es hora de que me cuide de mi rebaño —y diciendo esto se alejó de la casa en compañÃa del bufón.
Mientras tanto, los viajeros proseguÃan su camino con gran celeridad, demostrativa de los temores del judÃo, ya que la prisa no es una caracterÃstica propia de gentes de su edad. El peregrino, para el que ninguna senda ni atajo del bosque le eran extraños, escogÃa por sistema los más apartados y escondidos. Ante tal circunstancia, en más de una ocasión se reanimaron las sospechas del israelita; temÃa que le condujera a una emboscada.