Ivanhoe
Ivanhoe —Vete al cuerno —dijo el peregrino—, no eres más que un loco sajón.
—Has hecho bien —dijo el bufón—, de haber nacido normando. De haberlo sido yo, la suerte me hubiera acompañado y casi hubiera podido alcanzar la sabidurÃa.
Precisamente entonces apareció Gurth en la parte opuesta del foso conduciendo las mulas por la brida. Los viajeros lo cruzaron utilizando un puente levadizo hecho con dos planchas de madera y no más ancho que la poterna. Daba a una pequeña abertura en la empalizada, que dejaba el paso libre hacia el bosque. Tan pronto alcanzaron las mulas, el judÃo acomodó con manos temblorosas en la parte posterior de la silla una bolsa de piel de ante que sacó de debajo de la capa y la cual sólo contenÃa, según aseguró en un murmullo:
—Una muda, tan sólo una muda limpia. —Y montando el animal con más presteza y agilidad de las que hacÃan presagiar sus muchos años, no perdió tiempo en esconder o en disimular bajo los pliegues de su túnica dicha bolsa, que quedó de este modo en bandolera de su cabalgadura.
Más tiempo se tomó el peregrino en montar, alargando su mano a Gurth, que la besó con veneración. El porquerizo siguió con la vista a los viajeros hasta que se perdieron en el sendero, adentrándose en el bosque. Entonces, Wamba le sacó de sus sueños.