Ivanhoe
Ivanhoe —No blasfemes, judÃo —dijo el peregrino con rudeza.
—Perdóname si he hablado con rudeza. Pero tanto anoche como esta mañana has pronunciado ciertas palabras que como las chispas del pedernal han delatado el metal con el que iban cargadas; además, debajo del sayo de peregrino se esconden una cadena de caballero y unas espuelas de oro. Las vi brillar esta mañana cuando te has acercado a mi lecho.
El peregrino no pudo evitar una sonrisa y dijo:
—Si registráramos tu atuendo con la misma curiosidad, ¿cuántos descubrimientos interesantes podrÃamos hacer, ¡eh!, Isaac?
—No mucho más de lo que ves —dijo el judÃo mudando de color mientras con prisa ponÃa a la vista papel y pluma. Y como si deseara cortar la conversación se puso a escribir sobre un papel que apoyó sobre la copa de su sombrero amarillo, sin desmontar siquiera de la mula. Cuando terminó, entregó al peregrino la nota escrita con caracteres hebreos, diciéndole: