Ivanhoe

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Fortificado su ánimo por estas consideraciones, el judío avanzó hasta su objetivo, empujando al cristiano normando sin respeto para con su ascendencia, calidad o religión. Las quejas del anciano, de todos modos, excitaron la indignación de los más próximos. Uno de ellos, un fornido cazador, vestido de color verde hierba y portador de doce dardos en su cinturón cerrado por hebilla de plata y con un arco de seis pies en la mano, se volvió rápidamente y, mientras sus facciones color avellana se oscurecían más aún bajo el efecto de la cólera, aconsejó al judío que recordara que todas sus riquezas las había adquirido chupando la sangre de sus pobres víctimas. Y que, por lo tanto, lo más prudente era pasar inadvertido a menos que quisiera ser aplastado. Tal intimación hecha en inglés normando hizo detener al judío y probablemente le hubiera alejado de una vecindad tan peligrosa de no haber recabado la atención general en aquel preciso instante la súbita llegada del príncipe Juan, que entraba en aquel palenque acompañado de un vistoso cortejo de seglares y clérigos vistosamente vestidos. Entre los segundos figuraba el prior de Jorvaulx, vestido con el máximo esplendor que un dignatario de la Iglesia puede atreverse a exhibir. Ni las ricas pieles ni el oro habían sido ahorrados en la confección de sus vestiduras, y las puntas de sus botas habían sido adornadas con metales preciosos, exagerando la fantasiosa moda de la época. Iban tan vueltas para arriba como para ir atadas, no solamente a las rodillas, sino al mismísimo cinturón, hasta tal punto que le impedían colocar el pie en el estribo. De todas formas, aquello ocasionaba poca molestia al galante abad, ya que le daba ocasión de exhibir su pericia como jinete ante tan magna concurrencia, especialmente ante el bello sexo, dejando suponer que el uso de estribos era cosa de jinetes pusilánimes. El resto del cortejo del príncipe Juan estaba constituido por los capitanes favoritos de sus tropas mercenarias, algunos barones y arbitristas de la corte, junto con varios caballeros templarios y algunos más de la Orden de San Juan.


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