Ivanhoe
Ivanhoe A esta persona, tal como la hemos descrito, había dirigido Juan su imprecación para que cediera su sitio a Rebeca y a Isaac. Athelstane, profundamente confundido por una orden que los usos y costumbres de la época hacían injuriosa e insultante, quería rechazar la orden del príncipe Juan, pero no acertaba en el modo de hacerlo; y, sin moverse lo más mínimo ni dar ninguna señal de su intención de obedecer, abrió sus grandes ojos grises y miró al príncipe con un asombro que no dejaba de tener sus ribetes ridículos. Pero el impaciente Juan no captó el matiz: