Ivanhoe
Ivanhoe Pero el Caballero Desheredado no pronunció ni una sola palabra en respuesta al discurso del príncipe, el cual agradeció con una profunda reverencia.
El caballo fue introducido en el palenque por dos mozos de cuadra lujosamente ataviados; el animal había sido enjaezado con un riquísimo arnés de batalla que, a los ojos de los entendidos, no añadía un ápice al valor del noble bruto. Poniendo la mano en el arzón, el Desheredado saltó a la grupa sin hacer uso del estribo. Tras blandir la lanza, dio dos vueltas al palenque, al tiempo que hacía resaltar la andadura y demás virtudes del animal con la pericia de un perfecto jinete.
La sombra de vanidad que en cualquier otra ocasión hubiera podido empañar esta exhibición, desaparecía a los ojos de los espectadores, porque comprendían que se trataba de hacer resaltar los méritos del regalo con el que acababa de ser honrado. Por lo tanto, el caballero fue aclamado de nuevo.