Ivanhoe
Ivanhoe —¡Larga vida a lady Rowena, por derecho propio elegida reina del amor y de la belleza! —a cuyo grito muchos espectadores de la galerÃa inferior añadÃan—: ¡Larga vida para la princesa sajona, viva la raza del inmortal Alfred!
Por inaceptables que estos gritos resultaran para el prÃncipe Juan y aquéllos que le rodeaban, se vio obligado a confirmar la elección del vencedor y, por tal motivo, dejó el trono, montó a caballo y entró en el palenque acompañado por su comitiva. Se detuvo un momento bajo el palco de lady Alicia y, sin desmontar, le rindió homenaje dejando oÃr esta observación a los que cerca de él se encontraban:
—A fe mÃa, señores, que si los hechos de armas realizados por el Desheredado dan prueba de que es poseedor de fuertes miembros y nervios templados, la elección que ha hecho demuestra que sus ojos no están en perfecto estado.
Como durante toda su vida, también en esta ocasión tuvo Juan la desgracia de no comprender el carácter de aquellos cuyo afecto querÃa ganarse. Waldemar Fitzurse se sintió más ofendido que halagado ante la gratuita afirmación de que su hija habÃa sido postergada.