Ivanhoe
Ivanhoe —No conozco regla de caballerÃa más preciosa e indeclinable —dijo—, que aquélla que confiere a cada caballero el derecho de elegir libremente la dama de sus amores, utilizando para ello su propio juicio. Mi hija no necesita ser distinguida por nadie y nunca dejará de recibir el respeto que le es debido por su rango y posición.
El prÃncipe Juan no replicó sino que, espoleando a su caballo, le hizo saltar hacia delante hasta llegar a la grada que ocupaba lady Rowena, todavÃa con la corona a sus pies.
—Asumid, hermosa dama, el sÃmbolo de vuestra soberanÃa a la cual nadie rinde homenaje más sincero que Nos, Juan de Anjou. Si os place asistir hoy con el noble señor y sus amigos al banquete que tendrá lugar en el castillo de Ashby, tendremos ocasión de conocer más de cerca la persona a la que mañana deberemos acatar.
Rowena permaneció en silencio y Cedric contestó por ella en su lengua materna: