Ivanhoe
Ivanhoe —Lo haré, aunque me pese —dijo Gurth—. Y añadió entre dientes—: Le daré la mitad de lo que me pida —y asà diciendo, partió y dejó al Desheredado sumido en sus propias reflexiones, las cuales, por muchas más razones que no es posible ahora dar a conocer al lector, eran de naturaleza extremadamente turbadora.
Debemos ahora trasladarnos a la villa de Ashby o, mejor dicho, a una casa de campo de sus cercanÃas, perteneciente a un rico israelita, donde se alojaban Isaac, su hija y sus servidores. Es bien sabido que los judÃos son tan liberales otorgando su hospitalidad a los individuos de su nación como cautelosos en darla a los que ellos llaman gentiles, los cuales, por otra parte, poco merecÃan por el trato que les daban.
En una habitación reducida, pero lujosamente provista de adornos de gusto oriental, podÃa verse a Rebeca sentada sobre un montón de cojines apilados en una plataforma de poca altura, que rodeaba la sala y hacÃa las veces de sillas y asientos al modo de un estrado español. Vigilaba con ansiedad y afecto filial los movimientos de su padre, que daba vueltas al salón con pasos desacompasados. A menudo juntaba las manos…, otras veces levantaba los ojos al techo como si estuviera sometido a una gran tortura mental.