Ivanhoe
Ivanhoe —No se trata de eso. Nunca haré traición para salvar el pellejo. Lo tengo tan duro que aguanta los golpes tan bien como el verraco de mi manada.
—Ten confianza en que sabré corresponder a los riesgos que corres por mi causa, Gurth. De momento, te ruego que aceptes estas diez piezas de oro.
—Soy más rico —dijo Gurth embolsándoselas— de lo que ningún porquerizo haya sido nunca.
—Lleva esta bolsa de oro a Ashby, encuentra a Isaac de York y que se cobre el caballo y las armas que me ha fiado.
—¡No haré tal cosa, por san Dunstan!
—¿Cómo has dicho, bellaco? —replicó su amo—. ¿Te niegas a obedecerme?
—No tengo inconveniente en hacerlo cuando son honrados, razonables y cristianos vuestros mandatos, y ahora no es éste el caso. No serÃa honrado permitir que el mismo judÃo pusiera precio; serÃa engañar a mi amo y estarÃa también fuera de razón porque de este modo actuarÃa un loco. Tampoco serÃa cristiano porque darÃa ocasión a que un creyente enriqueciera a un infiel.
—Por lo menos, págale el justo precio, mula testaruda.