Ivanhoe
Ivanhoe —Pero ¿y si el tirano, tal como hizo hoy, pone su mano en ellas y me obliga a sonreÃr mientras me despoja? Hija, desarraigados y errantes como somos, la peor calamidad que azota nuestra raza es que cuando somos saqueados y robados todo el mundo rÃe y debemos disimular la susceptibilidad al insulto y sonreÃr sumisamente en vez de vengarnos con coraje.
—No os lo toméis asÃ, padre mÃo —dijo Rebeca—, porque también esta situación nos reporta ventajas. Estos gentiles, siendo como son dominantes, dependen en cierto modo de los dispersos hijos de Sión, a los cuales desprecian y persiguen. Sin la ayuda de nuestras riquezas no podrÃan llevar a cabo sus hazañas ni tampoco celebrarlas. Además, el oro que les proporcionamos vuelve incrementado a nuestras arcas. Somos como la hierba que crece más lozana cuanto más se la pisotea. Incluso el triunfo del pagano en este dÃa no hubiera sido posible si el despreciado judÃo no hubiera puesto los medios a su alcance.
—Hija —dijo Isaac—, acabas de tocar otro punto sensible. El magnÃfico corcel y la armadura se llevan todo el provecho de mis negocios con Kirjath Jairam de Leicester. Una gran pérdida, equivalente a todas las ganancias de la semana. ¡Ay!, todo el tiempo que transcurre entre dos sábados. De todas formas, este asunto puede tener mejor final del que me temo, ya que se trata de un buen mancebo.