Ivanhoe
Ivanhoe —Podéis estar seguro de ello —dijo Rebeca—. No os habéis de arrepentir de haber recompensado los buenos servicios que os hizo el forastero.
—Asà quiero creerlo, hija mÃa, como creo en la reconstrucción de Sión; pero confÃo tanto en que mis ojos vean las murallas y defensas del nuevo Templo, como que un cristiano pague sus deudas a un judÃo sin la intervención del juez.
Y diciendo esto, reemprendió su alterado trote alrededor de la sala. Rebeca, dándose cuenta de que los intentos que hacÃa para consolarle sólo servÃan para suscitar nuevas sospechas, desistió de sus propósitos prudentemente. Sabio proceder que recomendamos a los que se erigen en consoladores y consejeros en tales circunstancias.