Ivanhoe
Ivanhoe —¡Bribón! —dijo el capitán levantándose—. Me has roto la cabeza y si yo fuera otro pagarÃas cara tu insolencia. Pero conocerás tu suerte en un momento. Primero hablaremos de tu señor, pues los negocios del amo deben preceder a los del escudero según las reglas de caballerÃa. Mientras, estáte quieto…, si haces el más ligero movimiento te expones a recibir algo que te mantendrá quieto para siempre. ¡Camaradas! Esta bolsa está bordada con caracteres hebreos, por lo tanto hay que creer que lo que el hombre dijo es verdad. Su amo, el caballero andante, no debe recibir daño de nuestra parte. Se parece demasiado a nosotros para que le perjudiquemos, ya que los perros no se muerden entre ellos cuando los zorros y lobos andan sueltos.
—Él, ¿como nosotros? —exclamó uno de la banda—. ¡Me gustarÃa ver cómo te las arreglas para demostrármelo!
—No seas estúpido —replicó el capitán—. ¿No es acaso pobre y desheredado como nosotros? ¿No se gana la vida a punta de espada como nosotros? ¿No ha derrotado a Front-de-Boeuf y a Malvoisin como lo harÃamos nosotros si pudiéramos? ¿No se ha declarado enemigo de muerte de Brian de Bois-Guilbert, a quien tantos motivos de temor debemos? Y aunque no fuera asÃ, ¿hemos de tener peor conciencia que un descreÃdo, un hebreo judÃo?