Ivanhoe
Ivanhoe —No, serÃa una vergüenza —murmuró otro individuo—; de todas formas, cuando estaba a las órdenes del valiente Gandelin no tenÃamos tales escrúpulos de conciencia. Además, este insolente campesino… ¿también él ha de salir bien librado?
—De ningún modo si tú eres capaz de darle una lección. ¡Eh, amigo! —continuó el capitán, dirigiéndose a Gurth—. ¿Conoces el manejo del palo[6] que con tanta presteza acabas de emplear?
—En mi opinión —dijo Gurth—, nadie mejor que tú puede contestar a esta pregunta.
—A fe mÃa que me has atizado un buen porrazo; hazle el mismo servicio a este compañero y marcharás libremente, pero si no…, como ocurra lo contrario y… puesto que eres un bellaco tal como has demostrado ser, a fe mÃa que me verÃa obligado a pagar yo mismo tu rescate. Toma tu palo, Miller —añadió el capitán—, y protege tu cabeza; vosotros dejad libre a este tipo y dadle también un garrote. Hay suficiente luz para la pelea.
Armados los dos contendientes con idénticos palos, se adelantaron hacia el centro del claro para aprovechar al máximo la luz de la luna. Los demás ladrones reÃan y gritaban a su camarada:
—¡Miller, cuidado con la sesera!
Miller agarró el palo, lo atenazó hacia su mitad y daba molinetes por sobre su cabeza. Al propio tiempo exclamaba con presunción: