Ivanhoe
Ivanhoe —Puedes seguir tu camino, amigo mÃo —le dijo a Gurth el capitán, confirmando el clamor general—. Dos de mis compañeros te enseñarán el mejor camino para llegar al pabellón de tu señor sano y salvo, evitando de este modo la posibilidad de que topes con merodeadores nocturnos con sentimientos menos blandos que los nuestros, pues en noches como ésta abundan por estos contornos tipos de esta clase… Recuerda, de todos modos, que has rehusado revelar tu nombre…, no preguntes el nuestro y no trates de averiguar qué quiénes somos, ya que, de intentarlo, caerán sobre ti peores desgracias que las que hasta hoy has debido soportar.
Gurth agradeció al capitán su amabilidad y le prometió seguir sus consejos. Dos forajidos tomaron sus respectivos palos, rogando a Gurth que no les perdiera de vista. Después dieron la vuelta y siguieron un sendero adyacente que cruzaba las malezas y el desmonte cercano. En el mismo lÃmite del bosque, otros dos hombres hablaron con sus dos guÃas y habiendo recibido la contestación en voz baja, se adentraron de nuevo en la espesura y les permitieron pasar sin molestias. Este incidente confirmó a Gurth la creencia de que la cuadrilla era fuerte y numerosa y que sus miembros montaban guardia regularmente para vigilar su lugar de reunión.