Ivanhoe
Ivanhoe Y tomando más precauciones que antes, disparó una flecha que fue a dar precisamente sobre la de su competidor, haciéndola saltar hecha astillas. Los circundantes quedaron tan sorprendidos ante tal destreza que ni siquiera pudieron dar salida a su sorpresa con los acostumbrados gritos.
—Es el diablo en persona y no una criatura de carne y hueso —murmuraban los arqueros entre ellos—. Nunca desde que se tensó un arco por primera vez en Bretaña se habÃa visto tal punterÃa.
—Y ahora —dijo Locksley—, pido permiso a Vuestra Alteza para colocar un blanco semejante a los que se emplean en el norte del paÃs, y será bienvenido cualquier arquero que contra él quiera disparar para ganar una sonrisa de su amada.
Entonces dio la vuelta para abandonar el palenque.
—Haced que me esperen vuestros guardas, por favor. Sólo voy a cortar una rama de uno de aquellos sauces.
El prÃncipe Juan, con una señal, ordenó a varios de sus sirvientes que le persiguieran si intentaba escapar, pero los gritos de «¡Vergüenza, vergüenza!» que brotaron de la multitud le hicieron desistir de su propósito.